domingo, 31 de enero de 2016

Por el paraguas

Por el paraguas

 Azura, de dieciséis años, qué tras ciertas querellas de su familia, más bien de sus padres y personas no debidas, huyeron de su ciudad a Europa, pero en el viaje, su avión tuvo imperfectos y se estrelló en una selva o isla remota; por suerte sobrevivieron, solo para conocer la diversidad de vidas y fieras que existen ahí, además de cientos de secretos con lugares inexistentes, pero posibles en ese lugar.
 Conforme los años fueron apegándose  a la selva y lidiando con más habilidad los peligros de esta. Azura, de uno setenta de altura y cabello largo, era la más audaz, recorriendo toda la selva y trazando los mapas de la misma, con las habilidades de topografía aprendidas de su padre. A veces, atravesaba los territorios ya comprendidos de las criaturas registradas, con el propósito de ampliar las líneas de los mapas y, una sed insaciable de aventura.
El último mapa marcaba la zona arbolera, compuesta de árboles más grandes que un Ícaro, de distintas formas: unos todos esqueléticos en su forma y otros, frondosos como un hongo. Por esa razón, Azura corría en una rama, perseguida por toda una manada de babuinos de aspectos fieros; habíase adentrado en su territorio sin la Ofrenda de Entrada, porque a sus principios, no quería asesinar a un pobre mamífero que anda en dos pies, igual a ella.
Tras ella, más de cien primates con grandes caninos trataban de atraparle para desmembrarla y comerla viva.  De entre todas las pequeñas bestias, una alcanzo a la joven, trepándose en sus hombros con sus garras, ella, a pesar de tener un cuchillo, no lo utilizo (quebrantaría El Tratado), solo salto a adelante en forma de jaguar, dando una voltereta, tirando al primate; siguió corriendo enfocada en el camino, y cuando llego frente al babuino que había arrojado con anterioridad.: salto en forma de elipse, golpeándole el rostro con la pierna derecha, desorbitando sus ojos, dejándolo caer cincuenta metros sobre el suelo.
Dado el salto, siguió corriendo con los brazos extendidos hacia atrás. En eso, vio varias sombras pasar a los demás lados del árbol por sus ramas: los primates se habían dividido en tres grupos, tratando de rodearla para atraparla. Otro babuino se le lanzo mientras miraba a los lados, por lo cual, Azura lo percato, viendo su sombra por la esquina del ojo. Saltando, girando del lado de la manada, golpeo al primate justo en el pecho, enviándolo en medio del tumulto, dividiéndolo temporalmente; mientras ella dio una voltereta hacia atrás al caer, y a la segunda giro en diagonal quedando del lado original. Siguió corriendo.
Los primates la alcanzaban. Casi llegaba al tronco del árbol, ahí podría subir y alejarse más de los monos, pero no lo alcanzaría a tiempo; veía que todos se adelantaban para lanzársele. En el correr, miro como las dos olas de cuadrumanos iban a ella; improvisando, Azura tomo su soga junto con el cuchillo, amarro la soga al mango del arma, y con suma fuerza lo clavo en la rama, para después arrojarse al vacio del árbol, dejando estrellarse simultáneamente los tres grupos de monos, creando un tumulto negro gritón. Teniendo sujetada la cuerda, Azura caía en diagonal hasta el tronco aferrándose, aferrándose de él en un sinfín de venas verrugosas o enredaderas. Azura no hiso un mohín por el contacto con la enredaras, porque ya estaba acostumbrada a sensaciones más desagradables.
Respiro profundamente, tomando el aire faltante en sus pulmones, mientras contemplaba como caían los primates. Los que quedaron en la rama, orientándose, localizaron a Azura; alertaron a los otros con gritos y gestos locuaces. Cuando a Azura bajo la mirada, la masa grumosa de cuadrumanos subía directamente por el tronco, ella, serenamente, como un simio empezó a trepar por la venas de árbol; tenía un plan: llegaría a la copa para lanzarse en un “paraguas”.
Trepaba alternando los brazos y piernas con rapidez, elevándose más, en ese enorme árbol, pero sin embrago, los primates subían más aprisa; Azura veía como la gran  masa negra repleta de ojos rojos la alcanzaba. La ira de los babuinos los hiso moverse con más rapidez para alcanzar a la joven, y ella también acelero. Paro unos momentos fugaces para halar las venas, buscando una desprendida ___la masa avanzaba más___ y con otro cuchillo (un poco desgastado), corto la parte superior, siempre sujetando otra con la misma mano. Guardo el arma, acto seguido, se dejo caer. La vena paso llevando a varios cuadramos al ir descendiendo de manera diagonal enrollándose al tronco; Azura pudo aferrarse al otro lado varios metros más arriba.
Desde ahí, emprendió el acenso a la copa, ya no había otra opción para ella, no podría calcular una caída segura en una rama, y si lo lograse, los primates la encerrarían. Esta vez, se concentro en subir y no ver abajo, porque la masa grumosa llena de ojos la había vuelto a localizar. Azura hasta ese punto, no había experimentado emoción alguna a parte de la adrenalina, pero empezó a angustiarse cuando las venas de las partes superiores aun seguían tiernas y casi caía a una muerte inminente por sujetar varias que se partieron en dos en medio de sus manos, soltando un jugo verde. Por eso, la masa estaba a un paso más de alcanzarla. Saco otros dos cuchillos, uno primero, y el otro después, alternando sus manos sujetas de varias venas, y los clavo para trepar.
A unos cuantos metros pudo ver un paraguas, flores gigantes de color verde con forma de paraguas invertido con muchos pliegues.  Cuando llego a la copa donde las últimas ramas se extienden, un babuino se le lanzo, derribándola de cara, empezándola a golpear. Azura dándose un apoyo en los brazos como si fuera hacer flexiones, se levanto con fuerza, tanta, que cayó de espaldas encima del animal. Estando en esa posición, rodo a un lado, luego cambio a una posición horizontal para sujetar con los pies al babuino; lo tuvo preso con suma fuerza unos breves segundos para después lanzarlo con una pierna flexionándola, a la caída libre del árbol.
Cuando el primate cayó, otros aparecieron: la habían alcanzado. Azura, sin meditar, al cuadrumano que se le arrojo al rostro, pudo atraparlo retrocediendo unos centímetros, aferrarlo bien de la extremidades, y tirárselos a los pocos que aparecieron. Teniendo un muy breve intervalo, ella emprendió carrera directo al otro extremo de la copa del árbol. La respiración agitada le denotaba cansancio, pero Azura no tuvo problema porque casi salía de ahí. Ella, en el último tramo del trayecto, la manada de cuadrumanos estaba atrás suyo, e igual que otras veces anteriores, uno se le lanzo encima, sobre su cabeza, este,  salto de regreso, viendo la espalda de la chica, con el pelo en su mano; Azura sintiendo un poco el tirón, saco al instante un chuchillo y giro para ver al animal, llevando el brazo armado a él, solo que no  corto sus manos, sino su propio cabello largo color café para liberarse.
Cuando lo hiso, por la inercia, rodo hasta el extremo de la rama de copa, deteniéndose justo allí, quedando de frente a los primates. Ellos se detuvieron, porque ya tenían a su presa. El babuino Alfa paso al frente y dijo: “No intentes nada más. ¿Ves? Ya no tienes escapatoria”. Azura que aun apuñaba el arma, haciendo gestos y ademanes de atacar cuando miraba la tentativa de algún primate se le lanzara otra vez; miro ligeramente al vacio después de las palabras del alfa. Ella contestó, viendo directo al alfa: “Mis intentos aun continúan. Sé que algún día moriré, pero no será a manos de ustedes”, después de esas palabras, dio un salto al vacío. La manada de cuadrumanos fue a ver lo sucedido, pero al hacerlo, vieron asomarse a la joven Azura con cabello hasta los hombros, flotar, navegar por el aire, montada en una hoja de tres metros de diámetro, color verde transparente con forma de paraguas invertido. Escapaba en un paraguas. En el momento de reaccionar lo primates de la primera impresión, Azura iba muy lejos.
Azura dirigía la flor gigante por el tallo. En el camino miro pasar una parvada de águilas que volaban lentamente, y a varios pelicanos dejando caer ases de agua que brillaba por la luz del sol. Regreso tranquila a su casa, sobre un árbol, dejo el paraguas  afuera y entró. Su hermano leía una de las pocas fuentes de literatura que había: la Biblia.
___ Azura, ¿por qué tienes el pelo corto? ___preguntó su madre. Lo agitado se le había ido a Azura por el viaje.
___ Solo quería intentar un nuevo look. ¿Cómo me quedo? ___preguntó la joven, acariciando su cabello.
___ Bien. Te queda bien.
___ Gracias ___respondió Azura.
Y de esa forma, Azura pudo ocultar otra, de sus tantas y peligrosas aventuras en esa selva…

Steven Mires.

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