Por el paraguas
Azura, de dieciséis años, qué tras ciertas
querellas de su familia, más bien de sus padres y personas no debidas, huyeron
de su ciudad a Europa, pero en el viaje, su avión tuvo imperfectos y se estrelló
en una selva o isla remota; por suerte sobrevivieron, solo para conocer la
diversidad de vidas y fieras que existen ahí, además de cientos de secretos con
lugares inexistentes, pero posibles en ese lugar.
Conforme los años fueron apegándose a la selva y lidiando con más habilidad los
peligros de esta. Azura, de uno setenta de altura y cabello largo, era la más
audaz, recorriendo toda la selva y trazando los mapas de la misma, con las
habilidades de topografía aprendidas de su padre. A veces, atravesaba los
territorios ya comprendidos de las criaturas registradas, con el propósito de
ampliar las líneas de los mapas y, una sed insaciable de aventura.
El último mapa
marcaba la zona arbolera, compuesta de árboles más grandes que un Ícaro, de
distintas formas: unos todos esqueléticos en su forma y otros, frondosos como
un hongo. Por esa razón, Azura corría en una rama, perseguida por toda una
manada de babuinos de aspectos fieros; habíase adentrado en su territorio sin
la Ofrenda de Entrada, porque a sus principios, no quería asesinar a un pobre
mamífero que anda en dos pies, igual a ella.
Tras ella, más de
cien primates con grandes caninos trataban de atraparle para desmembrarla y
comerla viva. De entre todas las
pequeñas bestias, una alcanzo a la joven, trepándose en sus hombros con sus
garras, ella, a pesar de tener un cuchillo, no lo utilizo (quebrantaría El
Tratado), solo salto a adelante en forma de jaguar, dando una voltereta,
tirando al primate; siguió corriendo enfocada en el camino, y cuando llego
frente al babuino que había arrojado con anterioridad.: salto en forma de
elipse, golpeándole el rostro con la pierna derecha, desorbitando sus ojos,
dejándolo caer cincuenta metros sobre el suelo.
Dado el salto,
siguió corriendo con los brazos extendidos hacia atrás. En eso, vio varias
sombras pasar a los demás lados del árbol por sus ramas: los primates se habían
dividido en tres grupos, tratando de rodearla para atraparla. Otro babuino se
le lanzo mientras miraba a los lados, por lo cual, Azura lo percato, viendo su
sombra por la esquina del ojo. Saltando, girando del lado de la manada, golpeo
al primate justo en el pecho, enviándolo en medio del tumulto, dividiéndolo
temporalmente; mientras ella dio una voltereta hacia atrás al caer, y a la
segunda giro en diagonal quedando del lado original. Siguió corriendo.
Los primates la
alcanzaban. Casi llegaba al tronco del árbol, ahí podría subir y alejarse más
de los monos, pero no lo alcanzaría a tiempo; veía que todos se adelantaban
para lanzársele. En el correr, miro como las dos olas de cuadrumanos iban a
ella; improvisando, Azura tomo su soga junto con el cuchillo, amarro la soga al
mango del arma, y con suma fuerza lo clavo en la rama, para después arrojarse
al vacio del árbol, dejando estrellarse simultáneamente los tres grupos de monos,
creando un tumulto negro gritón. Teniendo sujetada la cuerda, Azura caía en
diagonal hasta el tronco aferrándose, aferrándose de él en un sinfín de venas
verrugosas o enredaderas. Azura no hiso un mohín por el contacto con la
enredaras, porque ya estaba acostumbrada a sensaciones más desagradables.
Respiro
profundamente, tomando el aire faltante en sus pulmones, mientras contemplaba
como caían los primates. Los que quedaron en la rama, orientándose, localizaron
a Azura; alertaron a los otros con gritos y gestos locuaces. Cuando a Azura
bajo la mirada, la masa grumosa de cuadrumanos subía directamente por el
tronco, ella, serenamente, como un simio empezó a trepar por la venas de árbol;
tenía un plan: llegaría a la copa para lanzarse en un “paraguas”.
Trepaba
alternando los brazos y piernas con rapidez, elevándose más, en ese enorme
árbol, pero sin embrago, los primates subían más aprisa; Azura veía como la
gran masa negra repleta de ojos rojos la
alcanzaba. La ira de los babuinos los hiso moverse con más rapidez para
alcanzar a la joven, y ella también acelero. Paro unos momentos fugaces para
halar las venas, buscando una desprendida ___la masa avanzaba más___
y con otro cuchillo (un poco desgastado),
corto la parte superior, siempre sujetando otra con la misma mano. Guardo el
arma, acto seguido, se dejo caer. La vena paso llevando a varios cuadramos al
ir descendiendo de manera diagonal enrollándose al tronco; Azura pudo aferrarse
al otro lado varios metros más arriba.
Desde ahí, emprendió el acenso a la copa, ya no
había otra opción para ella, no podría calcular una caída segura en una rama, y
si lo lograse, los primates la encerrarían. Esta vez, se concentro en subir y
no ver abajo, porque la masa grumosa llena de ojos la había vuelto a localizar.
Azura hasta ese punto, no había experimentado emoción alguna a parte de la
adrenalina, pero empezó a angustiarse cuando las venas de las partes superiores
aun seguían tiernas y casi caía a una muerte inminente por sujetar varias que
se partieron en dos en medio de sus manos, soltando un jugo verde. Por eso, la
masa estaba a un paso más de alcanzarla. Saco otros dos cuchillos, uno primero,
y el otro después, alternando sus manos sujetas de varias venas, y los clavo
para trepar.
A unos cuantos metros pudo ver un paraguas, flores gigantes de
color verde con forma de paraguas invertido con muchos pliegues. Cuando llego a la copa donde las últimas
ramas se extienden, un babuino se le lanzo, derribándola de cara, empezándola a
golpear. Azura dándose un apoyo en los brazos como si fuera hacer flexiones, se
levanto con fuerza, tanta, que cayó de espaldas encima del animal. Estando en
esa posición, rodo a un lado, luego cambio a una posición horizontal para
sujetar con los pies al babuino; lo tuvo preso con suma fuerza unos breves
segundos para después lanzarlo con una pierna flexionándola, a la caída libre
del árbol.
Cuando el primate cayó, otros aparecieron: la
habían alcanzado. Azura, sin meditar, al cuadrumano que se le arrojo al rostro,
pudo atraparlo retrocediendo unos centímetros, aferrarlo bien de la
extremidades, y tirárselos a los pocos que aparecieron. Teniendo un muy breve
intervalo, ella emprendió carrera directo al otro extremo de la copa del árbol.
La respiración agitada le denotaba cansancio, pero Azura no tuvo problema
porque casi salía de ahí. Ella, en el último tramo del trayecto, la manada de
cuadrumanos estaba atrás suyo, e igual que otras veces anteriores, uno se le
lanzo encima, sobre su cabeza, este,
salto de regreso, viendo la espalda de la chica, con el pelo en su mano;
Azura sintiendo un poco el tirón, saco al instante un chuchillo y giro para ver
al animal, llevando el brazo armado a él, solo que no corto sus manos, sino su propio cabello largo
color café para liberarse.
Cuando lo hiso, por la inercia, rodo hasta el
extremo de la rama de copa, deteniéndose justo allí, quedando de frente a los
primates. Ellos se detuvieron, porque ya tenían a su presa. El babuino Alfa
paso al frente y dijo: “No intentes
nada más. ¿Ves? Ya no tienes escapatoria”. Azura
que aun apuñaba el arma, haciendo gestos y ademanes de atacar cuando miraba la
tentativa de algún primate se le lanzara otra vez; miro ligeramente al vacio
después de las palabras del alfa. Ella contestó, viendo directo al alfa: “Mis intentos aun continúan. Sé que algún día moriré,
pero no será a manos de ustedes”, después de esas
palabras, dio un salto al vacío. La manada de cuadrumanos fue a ver lo
sucedido, pero al hacerlo, vieron asomarse a la joven Azura con cabello hasta
los hombros, flotar, navegar por el aire, montada en una hoja de tres metros de
diámetro, color verde transparente con forma de paraguas invertido. Escapaba en
un paraguas. En el momento de
reaccionar lo primates de la primera impresión, Azura iba muy lejos.
Azura dirigía la flor gigante por el tallo. En el
camino miro pasar una parvada de águilas que volaban lentamente, y a varios
pelicanos dejando caer ases de agua que brillaba por la luz del sol. Regreso
tranquila a su casa, sobre un árbol, dejo el paraguas afuera y entró. Su hermano leía
una de las pocas fuentes de literatura que había: la Biblia.
___ Azura, ¿por qué tienes
el pelo corto? ___preguntó su madre. Lo agitado se le había ido a
Azura por el viaje.
___ Solo quería intentar un
nuevo look. ¿Cómo me quedo? ___preguntó la joven, acariciando su
cabello.
___ Bien. Te queda bien.
___ Gracias ___respondió
Azura.
Y de esa forma, Azura pudo ocultar otra, de sus
tantas y peligrosas aventuras en esa selva…
Steven Mires.
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